Ahora que los primeros rayos me acarician
cojo mi velero y salgo a navegar
sintiendo las olas golpeando con fuerza
para detener, quizás asustarme
pero mis manos se aferran al timón
que sin tregua se dirige hacia la libertad.
Oigo el lamento de los que naufragaron,
la risa alegre de los que siguieron avanzando
el influjo de sus almas meciendo la mía
sus historias entrelazadas
en las profundidades de mi sangre
que canta penas y alegrías.
La mar está en calma porque bella y coqueta
hizo danzar sus aguas con guiños de ojos
para cautivar al naufrago con su leve susurrar.
No me mires marinero con ojos de incredulidad,
no me mires si no ves lo que tu mirada
no puede alcanzar.
Oye y escucha el rumor del cantar,
sereno y pausado, sumergido en hilos
de plata que la luna regala en su despertar.
Sígueme por los azules que concede el cielo
porque sin motivos se hizo mi cómplice
dejando que solo yo sea dueña
de mi dulce navegar…
Mónica Somosierra B.